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El déjà vu digital

  • hace 3 días
  • 3 min de lectura

Actualizado: hace 2 días

"Nos encontramos de nuevo"

Anónimo


Como toda transformación, la historia de la humanidad rara vez avanza en línea recta. Con frecuencia evoluciona mediante ciclos en los que aquello que parecía haber quedado atrás regresa bajo un nuevo enfoque. Hoy ese patrón reaparece en el ámbito digital: mientras la tecnología continúa expandiendo sus capacidades, algunas prácticas que creíamos propias del pasado vuelven a cobrar vigencia.


Por citar algunos ejemplos, comienza a observarse una tendencia entre algunos jóvenes: optar por teléfonos no inteligentes; se vuelve a recomendar la lectura en libros físicos, la escritura a mano recobra vigencia como práctica valiosa y la “nueva ciencia de la conciencia” retoma la importancia de la atención plena como uno de los fundamentos del funcionamiento y desarrollo humano.


Algunas apuestas tecnológicas, como el metaverso, que prometía ser el próximo gran espacio de interacción humana, mostraron que incorporar más tecnología no siempre equivale a generar una mejor experiencia.


Paradójicamente, habilidades como la creatividad y el pensamiento crítico vuelven a ocupar un lugar central en la educación como competencias del futuro. Al mismo tiempo, comienzan a comercializarse como productos estandarizados. "Te enseño a pensar" empieza a posicionarse como una propuesta con creciente demanda.


Diversas investigaciones en neurociencia y psicología cognitiva sugieren que este fenómeno no responde solo a un regreso a prácticas tradicionales; sucede porque nuestra capacidad de procesar, atender y comprender ha comenzado a tensionarse. Esto no se debe a que la tecnología haya dejado de funcionar, sino porque su evolución no siempre ha considerado cómo pensamos, aprendemos o nos relacionamos.


Retomando fundamentos


Las neurociencias y la psicología cognitiva nos ofrecen hoy un marco para comprender este fenómeno. Diversas investigaciones muestran que nuestro cerebro opera con recursos limitados: atención, energía y capacidad de procesamiento.


También mencionan que, frente a entornos saturados de estímulos, nuestro cerebro toma decisiones para protegerse: filtra, automatiza, se fatiga, se dispersa. Esta es una realidad cada vez más presente en nuestra vida cotidiana.


Por ello, recomendaciones que vuelven a ganar fuerza —como reducir estímulos, favorecer la concentración profunda, alternar períodos de conexión y desconexión, así como diseñar entornos que faciliten el pensamiento— recuperan una relevancia que, en realidad, nunca debieron perder.


No estamos regresando al pasado simplemente; estamos redescubriendo prácticas que siempre fueron compatibles con el funcionamiento del cerebro humano.


La evidencia vuelve a recordarnos algo que hemos escuchado en repetidas ocasiones: que para pensar, aprender y decidir bien, necesitamos condiciones que lo hagan posible.


Esas condiciones comienzan por la capacidad de gestionar nuestra atención y preservar nuestra integridad cognitiva. Señalan diversos investigadores, como Gloria Mark, que la atención constituye hoy un bien de primera necesidad; del mismo modo que el cuerpo se resiente con el sedentarismo, la mente se empobrece cuando permanece instalada en la sobreestimulación.


En distintos países comienzan a surgir iniciativas que buscan integrar el mundo digital sin descuidar esos “no negociables” para desarrollar ciudadanos cognitivamente funcionales y evitar quedar estancados solo en la “satanización” de la tecnología.


A nivel individual, seguirán apareciendo herramientas, métodos y promesas para fortalecer nuestras capacidades cognitivas. Algunas aportarán valor, otras simplemente aprovecharán la tendencia.


El verdadero desafío no será consumir todo lo disponible, sino aprender a distinguir lo que merece nuestra atención y asumir un papel activo en el cuidado de nuestra integridad cognitiva: la claridad para pensar, aprender y decidir en entornos crecientemente saturados de estímulos.


La decisión sigue siendo nuestra.


Quizá esto sea un déjà vu digital: descubrir que, mientras seguimos ampliando nuestras posibilidades tecnológicas, volvemos a encontrarnos con principios que nunca dejaron de ser esenciales.


La atención, el aprendizaje, la conciencia y el bienestar cognitivo han acompañado a la humanidad a lo largo de su evolución como pilares de su desarrollo. Hoy, la evidencia científica vuelve a situarlos en el centro de la conversación.


La invitación a conocer y potenciar nuestra mente vuelve a presentarse una vez más. La pregunta ya no es si lo sabemos, la pregunta es si esta vez elegiremos escucharlo…



Elena Salazar


Con una trayectoria de más de 20 años impulsando iniciativas de transformación en organizaciones del sector privado en distintos países y del sector público en México, María Elena Salazar estudia las grandes transformaciones de nuestro tiempo desde una perspectiva integradora. Explora la evolución de la tecnología, la sociedad y el comportamiento humano para transformar la complejidad en claridad, integrar perspectivas y desarrollar marcos de comprensión que inspiren nuevas preguntas y mejores decisiones.

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