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Continuidad: lo invisible

hace 23 horas
3 min de lectura

“Lo que sostiene no siempre se ve”


En un contexto global marcado por interrupciones constantes, la continuidad de las organizaciones adquiere una relevancia crítica. El Reporte Global de Riesgos 2026 del Foro Económico Mundial describe un entorno en el que los riesgos aumentan en escala, interconectividad y velocidad, ampliando la posibilidad de que sus efectos alcancen ámbitos distintos a aquellos en los que se originan.


En paralelo, gran parte de los esfuerzos se concentran en implementar nuevas tecnologías, estructuras, procesos o modelos operativos. Sin embargo, las organizaciones funcionan como sistemas en los que personas, procesos, tecnología, información y recursos, tanto internos como externos, se relacionan y dependen unos de otros.


Mientras algunos elementos se modifican de manera visible, otros continúan desempeñando funciones esenciales. Comprender estas relaciones permite reconocer no solo qué debe modificarse, sino qué proporciona continuidad, qué necesita adaptarse y qué puede cambiar sin comprometer funciones esenciales.


Impacto, tiempo y dependencias


Estándares internacionales, como la norma ISO 22301, incorporan el análisis de impacto al negocio —Business Impact Analysis (BIA)— como un mecanismo para comprender las consecuencias de una interrupción a lo largo del tiempo y establecer prioridades de continuidad.


La lógica del BIA implica comprender qué actividades sostienen determinados productos y servicios, qué recursos requieren, cuáles son sus dependencias y qué consecuencias podría generar su interrupción.


La criticidad, por tanto, no es una característica evidente de un solo elemento considerado de manera aislada. Surge también de su relación con otros elementos, de aquello de lo que depende y de aquello que depende de él, así como de las consecuencias de su ausencia.


Una actividad puede parecer redundante hasta que identificamos el proceso que depende de ella. Un conocimiento puede parecer sustituible hasta que descubrimos que está concentrado en pocas personas. Una tecnología puede mejorar la eficiencia y, al mismo tiempo, introducir una nueva dependencia. Un proceso puede simplificarse y eliminar, sin advertirlo, una capacidad que servía como alternativa ante una interrupción.


A estas variables se suma el tiempo. Una interrupción puede no generar consecuencias relevantes durante las primeras horas y convertirse en crítica posteriormente. La criticidad depende también de cuánto tiempo puede funcionar la organización sin una actividad antes de alcanzar niveles de impacto inaceptables.


¿Cuántas dependencias dentro de una organización permanecen fuera de nuestra vista hasta que dejan de estar disponibles?


Simplificar, automatizar, centralizar o eliminar redundancias puede generar beneficios, pero también modificar dependencias, concentrar capacidades o reducir alternativas de respuesta. Estas decisiones pueden resolver una dependencia y crear otra, eliminar una vulnerabilidad o simplemente trasladarla.


¿Qué ocurre cuando, al optimizar una organización, eliminamos precisamente una capacidad que podría permitirle responder ante lo inesperado?


Un ejemplo tangible


Nuestra experiencia cotidiana de Internet parece cada vez más inalámbrica e intangible. Sin embargo, gran parte de la conectividad internacional depende de cables submarinos, que transportan más del 99 % del intercambio internacional de datos. En 2025 se reportaron más de 170 reparaciones; aun así, normalmente el usuario no percibe estas fallas porque la red dispone de rutas y capacidad redundantes para desviar el tráfico.


Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, entre las causas de interrupción se encuentran anclas y actividades pesqueras, fenómenos naturales, fallas de equipos y envejecimiento de la infraestructura. Ante estas interrupciones, la respuesta no se limita al punto afectado, sino que considera las dependencias necesarias para mantener la continuidad del servicio.


Algo similar ocurre dentro de una organización: procesos, conocimientos, tecnologías, proveedores o capacidades que reciben poca atención pueden formar parte de relaciones esenciales para sostener determinadas funciones.


Anticipar lo invisible


Toda disrupción altera más de lo que vemos. En organizaciones complejas, sus efectos se propagan a través de relaciones, dependencias y capacidades que pueden pasar inadvertidas hasta que su ausencia revela su criticidad.


Herramientas como el BIA permiten hacer explícitas algunas de estas relaciones. Observar el impacto, el tiempo y las dependencias ayuda a comprender no solo qué puede verse afectado, sino cómo los efectos de una interrupción pueden evolucionar y extenderse.


Aquello que sostiene a una organización a través del tiempo puede pasar inadvertido hasta que deja de estar disponible. El reto es hacerlo visible antes de que una disrupción lo haga por nosotros.


Elena Salazar


 
 
 

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