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Por - CNEC
09-10-19 21:15

El sueño extranjero: Una relación entre la migración y la ansiedad

Jorge Eulalio Hernández. Historiador, escritor e ilustrador. Director de Strepitus S.C. y fundador de Eulalian Academy. Consultor en storytelling, gestión de recursos humanos con un enfoque intergeneracional, lenguaje corporal y arte para marketing.

 

En los años 90 hubo un importante boom de mexicanos que concluyeron estudios de posgrado. A la par de este evento, no por coincidencia, miles de profesionales altamente calificados comenzaron a migrar a países que ofrecían mejores salarios, condiciones y sistemas laborales. Este fenómeno, a veces llamado “fuga de talentos” o “fuga de cerebros”, ha ido en un preocupante aumento desde entonces, intensificándose aún más en la última década.

Se estima que, en los últimos tres años, alrededor de un millón de mexicanos con estudios superiores y altamente calificados en sus campos de trabajo (destacando, por ejemplo, los científicos y técnicos) han emigrado de nuestro país, encontrando una mejor oferta y una mayor satisfacción en el desarrollo de sus profesiones. México es el país de Latinoamérica que más exporta profesionistas de gran nivel y, a nivel mundial, sólo se encuentra por debajo de la India, Gran Bretaña y Filipinas.

Por supuesto, las razones para dejar el país de origen pueden ir más allá de una mejor oferta económica: la escasa oferta de trabajo, la inexistencia de industrias desarrolladas en campos específicos, la inseguridad, la violencia, la corrupción y los frustrantes horarios de trabajo (nuestro país es en el que más horas se trabaja según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero tiene un desproporcionado resultado en cuanto a la eficacia de dichas horas). Sin embargo, aunque todas estas razones son tangibles y comprensibles, no podemos ignorar que este fenómeno se ha vuelto cada vez más común y generalizado en casi todos los países del mundo: de la misma forma que vemos partir profesionistas nacionales, recibimos a miles de extranjeros que ocupan plazas de importancia en nuestro país. Si México tiene condiciones laborales tan adversas, ¿por qué tanta gente de otros países viene a trabajar aquí?

 

México: país fértil

Hablar de condiciones laborales no es lo mismo que hablar de la fertilidad de un país. Uno de los factores se relaciona con la satisfacción, la calidad de vida y la eficiencia, el otro se trata de algo mucho más cercano a la economía de las áreas de oportunidad. Es claro que México es un país fértil, y lo ha sido por siglos: personas de todo el mundo, incluso de lugares considerados mucho más ricos, han encontrado en México un país prometedor para comenzar un negocio o una nueva vida, pero también saben que se trata de un punto importantísimo para poder ingresar al mercado latinoamericano.

La distinción de este factor es importante para comprender que, si bien muchas personas migran para encontrar una posibilidad de activar o fortalecer su economía, también hay una motivación que tiene que ver con algo mucho más emocional.

Para bien o para mal, es comprobable que el primer semestre de 2019 fue de cambios importantes y profundos. Y si no podemos comprobarlo a través de números y datos, sí lo podemos hacer al ponerle atención al comportamiento de la sociedad y a la expresión de sus inquietudes. Las posturas sociales y políticas se han polarizado hacia extremos que no pueden reconciliarse en un diálogo, las redes digitales son campos de batallas interminables y las instituciones morales están enfrentando un difícil proceso de invalidación. Sumados a la eterna relación del mexicano con México (ese amor-odio que tanto nos caracteriza), todos estos factores han creado un ambiente de desasosiego en millones de cabezas que habitan este gran país. El grave error es pensar que esto sucede solamente en México, como si en otros países no existiera la corrupción, la pobreza, la injusticia, la impunidad y la violencia.

 

Afuera ¿será mejor?

Es cierto que estamos muy por debajo de los países con mayor calidad de vida, pero no es cierto que todo lo que está fuera de México es mejor. Debemos considerar que esta mentalidad no se reserva sólo a los mexicanos, sino que millones de personas de todo el mundo están formando parte de un gran movimiento migratorio que la historia recordará y estudiará. Esto quiere decir que, diferente de casos extremos como el de los inmigrantes sirios en Europa, existe una idea que comparten otro tipo de migrantes, que consideran que fuera de sus lugares de origen existe una oportunidad imposible de lograr si se quedan. Es una idea muy similar al sueño americano, pero que no reside en los Estados Unidos, sino en un concepto más amplio, como un sueño extranjero.

Las generaciones más jóvenes del todo el mundo (quizá siendo los millennials los protagonistas mayoritarios) han crecido en un “tiempo de rupturas”, como lo decía Eric Hosbawm sobre los principios del siglo XX, que se nos presenta como un cúmulo de incertidumbres y preocupaciones ante la fractura de aquello considerado institucional, natural, normativo y/o cíclico. Además, la gran ansiedad de estas generaciones puede acompañarse de preocupaciones nunca consideradas: la ecoansiedad (preocupación por el deterioro del estado decadente del planeta) y la solastagia (angustia o nostalgia por el cambio climático). Estos son importantísimos factores para buscar una solución desesperada, pero también sirven para justificar los constantes fracasos y frustraciones a las que se ha tenido que enfrentar una generación hiperconsumista que no es capaz de adquirir un terreno.

 

Una solución

…o por lo menos un paliativo de una situación tan estresante, es voltear a ver otros lugares como tierras de promesa. “El pasto del vecino siempre es más verde”es un síntoma mundial cada vez en mayor incremento, el cual invita a las personas a salir de sus países ante la incertidumbre para jugar con la misma.

Por supuesto que “afuera” existen extraordinarias oportunidades que nuestros países de origen no nos pueden ofrecer, personas que nos abrirán los ojos en otros idiomas y hasta comida que nos pondrá en perspectiva sobre los rincones más profundos de nuestra identidad. Lo sabio es salir y explorar las posibilidades, siempre y cuando sepamos que, en nuestro lugar de origen, todos los vecinos tenemos el mismo problema mundial de pasto.






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